Paciencia, una cualidad que se puede aprender, pero que siento que no todo mundo está dispuesto a tener. Esperar se puede convertir en un don cuando sabes que al final de ese tiempo obtendrás el fruto de tu esfuerzo, llegarás a la meta y lograrás avanzar, siempre hacia adelante. Qué pasaría si la paciencia no fuera parte fundamental de mi vida... no estoy seguro, pero sí puedo asegurar que ha sido muy bueno, me ha dado muchas buenas experiencias, también aumentó la cantidad de amigos, aprendí nuevas maneras de vivir, también fue la que me enseñó que no siempre los primeros planes son los adecuados a cumplirse. Aún así, la paciencia me a permitido continuar y conocer a las personas importantes en mi vida, y es la misma paciencia la que me ayuda a disfrutar de la vida diaria. Hay un par de historias que llegan a mi mente: En una ocasión, hubo un viajero que se encontró a un anciano en medio camino, en el desierto, mientras el viajero se acercaba, veía al anciano cavar en la tierra, así que al acercarse le preguntó intrigado qué es lo que hacía, a lo que el anciano contestó que estaba plantando una palmera, para que algún día diera cocos y pudiera saciar la sed, pero el viajero dijo: para qué lo plantas si no verás sus frutos, mas el anciano replicó que él también fue viajero y alguna vez tomó un coco de una palmera que alguien sembró alguna vez, espero que esta palmera sirva para dar fruto a alguien que también lo necesite posteriormente... sólo se necesita paciencia. La otra historia que leí hace tiempo es la siguiente: Hubo un matrimonio en un pueblo, donde no podían conseguir buen empleo, por lo que el marido comentó con su mujer la posibilidad de ir a la ciudad, a buscar trabajo y poder regresar a casa con dinero, y decidieron de común acuerdo que lo hiciera. El marido viajó varios días hasta que llegó a la ciudad y buscó empleo, un hacendado le ofreció que trabajara con él, y conversaron sobre el pago: el marido quería que le guardara todo su pago hasta que regresara a su casa, para llevar un monto importante a su hogar, el hacendado aceptó. Veinte años pasaron, y el marido sintió que ya era tiempo de regresar con su mujer, así que habló nuevamente con su patrón recordándole el trato que habían hecho. El patrón no lo había olvidado, sin embargo le hizo una propuesta: "Te puedo dar tu pago y te vas, o te doy tres consejos como pago", y aunque el marido había trabajado mucho, sintió que valían más los consejos, así que optó por la segunda opción. El hacendado comenzó a dar los consejos: "Primer consejo, aléjate de atajos desconocidos; segundo consejo, evita ser curioso; último consejo, separa tus decisiones de tus sentimientos", dichas estas palabras, dio al marido dos piezas de pan para que las compartiera con su mujer, y lo despidió, deseando que tuviera buen viaje. Comenzó el viaje de regreso, preocupado por cómo explicar a su mujer que después de tanto tiempo, sólo un par de panes era lo que llevaba encima; mientras avanzaba, vio a otro viajero en el camino, que entabló conversación con él, y luego le preguntó hacia dónde se dirigía. El marido contestó que a su pueblo, donde estaba su esposa, y el viajero le dijo: "Mira, qué casualidad, por allá se acaba de hacer un camino que es más corto y te lleva directo a tu pueblo", invitándolo a cambiar de rumbo, y cuando estaba por aceptar, recordó el primero consejo: "Aléjate de atajos desconocidos", por lo que decidió ignorar el consejo del viajero y continuó su viaje como lo había planeado. Ya en el siguiente pueblo, lo alcanzó la noche, buscó hospedaje y contó lo que le había ocurrido. Los pobladores le dijeron que hizo muy bien, pues ese camino que le mencionaron era donde llevaban a incautos para asaltarlos. Con esto en mente, se fue a descansar, agradeciendo el primer consejo. En la madrugada, hubo un ruido en la calle, una mujer que gritaba incoherencias, al parecer cerca de su lugar de hospedaje, por lo que despertó y sintió deseos de saber qué era ese ruido y a qué se debía, bronces recordó el segundo consejo: "Evita ser curioso", y recordando que el primer consejo fue provechoso, prefirió seguir descansando para llegar antes a su hogar. Ya en la mañana, le preguntaron si no había escuchado los gritos de la mujer en la madrugada, contestó que sí, pero que no le dio importancia y siguió durmiendo, por este motivo lo felicitaron, pues era una mujer trastornada que gritaba en las noches y a quien se asomaba a verla, lo asesinaba. Nuevamente, agradeció el consejo recibido y continuó su camino a casa. Cuando se encontraba cerca de su pueblo, se sentía orgulloso de haber solicitado los consejos en lugar del pago, pues ya le habían salvado un par de veces, y quería compartir con su esposa su alegría. A lo lejos veía su casa, y más cerca, bajo un árbol, distinguió la silueta de su esposa y se le aceleró el corazón de alegría, comenzó a correr para abrazarla, pero al estar más cerca, vio que moderaba sola, en su regazo reposaba un hombre y ella le acariciaba el cabello. Se detuvo de golpe, se ocultó en un matorral y sintió cómo su corazón se rompía, al ver a su mujer con otro hombre mientras él siempre le había sido fiel, entonces la cólera le hizo desear matarlos a ambos, justo ahí, bajo aquél árbol, con algún arma, lo que fuera, entonces vio una roca cerca de donde se encontraba escondido use dirigió a ella para sacarla y matarlos a golpes, pero recordó el tercer consejo: "Separa tus decisiones de tus sentimientos", y pensó que tomaría la decisión a la mañana siguiente, alejándose por el momento. Pasaron una horas, se sintió relajado y decidió entonces enfrentar a su esposa, pensando que era feliz con aquél hombre y que deseaba verla por ultima vez, luego, regresaría a trabajar con aquel hacendado que le había dado tan buenos consejos. Llegó a la puerta de su casa, tocó, y su mujer abrió, al momento, a ella se le llenaron los ojos de lagrimas de felicidad al reconocer en la puerta a su marido, que se había marchado hacía veinte años, y se arrojó a sus brazos, mientras él, no sabía cómo reaccionar, entonces, ella notó la extrañeza de su comportamiento y le preguntó qué sucedía. El marido le respondió que la había visto en la tarde, en un árbol cercano, y ella le reprochó que no se hubiera acercado entonces, a lo que él respondió que la había visto acompañada de otro hombre, pero quería verla una vez más antes de volver a trabajar al lugar que también pudo considerar su hogar, y ella no pudo contenerse y lo volvió a abrazar, y le dijo: "¿Quién crees que es ese hombre?", y el marido, extrañado ante la pregunta, le dijo que creía que era su compañero y ella le puso un dedo en la boca en señal de que guardara silencio, y así lo hizo el marido. Ella le dijo que no tenía por qué dudar de ella, pues siempre le había sido fiel, pero cuando él se marchó en busca de trabajo, ella ya estaba esperando un hijo, y ese hombre que la acompañaba en la tarde era, precisamente, el hijo de ambos, que a esa hora dormía plácidamente en su cama, y lo llevó a que lo viera y conociera. La alegría inundó entonces todo su ser, abrazó a su esposa, la colmó de besos y, con lágrimas en los ojos, le confesó que siempre pensaba en ella, todos esos años, también le había sido siempre fiel, entonces, la esposa vio el bulto que cargaba y preguntó qué era lo que traía, y recordando lo que había visto en su viaje, le contó del trato que hizo con el hacendado y que había elegido los consejos en lugar del dinero, y que habían dado frutos, lo habían llevado a su casa, a reunirse nuevamente con su esposa y a conocer a su hijo, y había sólo dos piezas de pan que el patrón le dijo que compartiera con su mujer, en su casa. Se sentaron a cenar esos panes, que tanto esfuerzo le costaron, y cuál va siendo su sorpresa cuando, al partíamos para compartir, tenían un paquete entre ellos, mayor su alegría al abrir esos paquetes y descubrir que ahí estaba la paga real de todo lo que había trabajado, y lo pudo disfrutar con su familia, al seguir los consejos y volverse, gracias a ellos, paciente para disfrutar la vida y los frutos de su esfuerzo. Espero que estas historias sirvan de consejo, porque me han servido para darme cuenta del gran tesoro que llevamos dentro, ese corazón, pero también me ha abierto la visión de la vida, mostrando que "Roma no se hizo en un día", así, yo me sigo formando y lo que voy obteniendo, es gracias a un esfuerzo constante y un camino que me lleva a donde quiero estar. Ahora, ya puedo sentir que mi paciencia me ha servido, y cada es creo que debo aprender más, pero también compartir más, enseñar más, regalar más. Si has llegado a esta parte, has tenido la paciencia suficiente, ya es ventaja, deseo para tu que puedas ser paciente, lo suficiente para que pueda disfrutar la vida día con día y se feliz siempre. Hasta pronto, seguiré esperando un logro más que s ha postergado por otro día, pero qué es un día más, en una espera que ya lleva algunos años a cuestas. Cuídate, quiérete, y aprende de quienes te rodean, tal vez encuentres sabiduría escuchando diversos puntos de vista.
jueves, 27 de enero de 2011
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